10 gestos que mejorarían la vida de tu caballo – 1. Poner la cabezada.

No nos damos cuenta, pero en nuestra relación con nuestros caballos, “mangoneamos” desde el momento en que llegamos hasta el momento en que nos vamos. En esta serie de 10 artículos, voy a analizar cosas cotidianas, que hacemos todos los días, y cómo cambiando un poco la manera de hacerlas, para el caballo supone una gran diferencia. Vamos a verlas desde el punto de vista del caballo, cómo las siente (o imaginamos que las siente), y cómo podríamos mejorarlas para que las perciba de forma más positiva.

El primer gesto es poner la cabezada, ya que es una de las primeras cosas que hacemos al llegar. Pongámonos en el lugar del caballo. Está tranquilamente en su cercado, y desde que te fuiste, es dueño y señor de su vida. Elige dónde ir, con qué compañeros interaccionar, cuándo vigilar, cuándo darse un revolcón, cuando dormir… En fin, lo normal. Y ahora llegas tú, a un ritmo mucho más acelerado, entras, te acercas a él, te pones a su lado y le colocas una cosa alrededor de su cabeza. ¡Te has saltado todas las normas de educación de los caballos! Ellos son seres muy sutiles, con un respeto por el espacio personal muy grande, y nosotros entramos como un elefante en una cacharrería. Lo normal si fueras caballo, sería levantar la cabeza. Y entonces empieza la guerra, hasta que al final te colocan la cabezada y te vas con el humano. ¿Cuál es tu actitud? De resignación, desde el principio. ¿Dónde está esa motivación, esa alegría, esa relación especial que tu humano, lleno de buenas intenciones, pretende conseguir contigo hoy? Se la acaba de cargar, antes incluso de empezar.

Sí, pero, ¿cómo hacerlo de otra forma? Muy fácil, llegas, abres la cabezada, y esperas a que él venga y meta la cabeza dentro. De esa forma, él decide y ya cambia algo. Vale, ahora pruébalo.

¿Qué tal ha ido? ¿ha funcionado? Si ha funcionado bien, estupendo. Si la cosa no ha funcionado y, o bien no te ha hecho ni caso y te has pasado una hora esperando, o bien ha venido pero no sabía qué hacer con la cabezada, sigue leyendo…

Una forma fácil de entrenar esto es con el clicker. Coge 10 trocitos de comida (zanahoria, manzana, puñaditos de hierba, etc), un clicker (si no tienes uno, puedes hacer un ruido con tu boca), la cabezada y vete al cercado. Si quieres, esto lo puedes entrenar al final del día hasta que te salga bien, así no te pones nervioso pensando que estás perdiendo el tiempo. ¿Por qué 10 trocitos? Porque así no te pasas y no cansas al caballo. Avanza cada día un poco, y sólo sigue al siguiente paso cuando uno ya esté aprendido. Si el siguiente no sale bien, retrocede a un punto en que sí lo haga bien y sigues desde ahí.

Lo que hacemos es dividir el proceso de poner una cabezada en diversos pasos, y vamos entrenando cada uno de ellos:
– cuando acerca la cabeza a la cabezada, clic+premio
– cuando acerca el morro a la abertura de la cabezada, clic+premio
– cuando mete el morro un poquito por la abertura de la cabezada, clic+ premio
– cuando mete el morro un poquito más por la abertura de la cabezada, clic+premio
– cuando mete el morro completo por la abertura de la cabezada, clic+ Gran Premio (un puñado de trocitos de comida)
– cuando mete el morro y levantas la cinta por un lado de su cabeza, clic+premio
– cuando mete el morro, levantas la cinta y la sacas por el otro lado, clic+premio
– cuando mete el morro, pasas la cinta y la metes en la hebilla, clic+premio
– cuando mete el morro, pasas la cinta y la abrochas, clic+Gran Premio

A partir de ahí, durante un tiempo (por ejemplo, un mes), le das un premio (basta con un trocito) cada vez que le pongas la cabezada. A medida que veas que ya no le cuesta tanto esfuerzo, empiezas a dejar de dárselo, de forma intermitente, espaciando el premio cada vez más. Puedes sustituir la comida por una caricia. Si ves que empeora, vuelve a reforzar más a menudo con comida, y poco a poco ve espaciando. El mismo caballo, cuando algo no le cuesta esfuerzo, deja de reclamar su premio. Cada caballo tiene un ritmo, y a algunos les costará unos días y a otros semanas. No importa, dale su tiempo. Cuando ya lo sepa hacer, no hace falta premiar, porque el hecho de salir en sí ya es un refuerzo.

 

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